Bolivia: un escenario abierto e imprevisible
Bolivia atraviesa nuevamente un escenario de fuerte conflictividad política y social, en un contexto que remite a las etapas previas a la llegada al gobierno de Evo Morales en 2006.
Durante las décadas de 1980, 1990 y comienzos de los 2000, el país estuvo marcado por una elevada inestabilidad institucional, permanentes movilizaciones populares y una profunda confrontación entre organizaciones sociales y gobiernos alineados con políticas neoliberales impulsadas por el FMI y los Estados Unidos.
La llegada de Evo Morales significó una etapa de relativa estabilidad política y control de la conflictividad callejera mediante la articulación con organizaciones sindicales, campesinas, indígenas y movimientos sociales nucleados en el denominado “Pacto de Unidad”. Incluso tras la crisis derivada del golpe cívico-policial-militar-eclesiástico de 2019, Bolivia no había vuelto a experimentar niveles de tensión comparables a los actuales.
Sin embargo, apenas seis meses de la llegada de Rodrigo Paz Pereira a la presidencia, el país enfrenta una combinación de crisis económica, pérdida acelerada de legitimidad y debilidad institucional que vuelve a colocar a Bolivia en un escenario de alta inestabilidad política y social.
Un gobierno sin capacidad de articulación
Desde su llegada al poder, Rodrigo Paz no logró estabilizar la economía ni construir mecanismos sólidos de diálogo con los principales actores políticos, sindicales, empresariales y sociales del país. El gobierno tampoco presentó un plan nacional consistente para resolver la crisis cambiaria, el desabastecimiento de combustibles y el deterioro de las expectativas económicas.



