Diálogo social impulsa la igualdad de género, la ampliación de derechos y la corresponsabilidad en los cuidados en América Latina

El diálogo social a través de procesos como la  negociación colectiva y las prácticas empresariales, están ampliando derechos de cuidado más allá de los mínimos legales en ocho países de América Latina, según un nuevo informe publicado por la la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

  El informe, titulado Impulsar la igualdad de género a través del diálogo social: Experiencias innovadoras en cuidados y licencias en América Latina,  demuestra que, a través de la negociación colectiva y de iniciativas empresariales —en grandes, medianas y pequeñas empresas— se han ampliado licencias de maternidad y paternidad, fortalecido permisos parentales, creado salas de lactancia y promovido jornadas de trabajo más flexibles para las personas trabajadoras con responsabilidades familiares.

Cerrar las brechas de género en el trabajo implica transformar las barreras que hoy impiden a las mujeres acceder a empleos decentes  en igualdad de condiciones que los hombres. En América Latina y el Caribe, el 47 por ciento de las mujeres están fuera del mercado laboral por responsabilidades de cuidado. Además, ellas dedican hasta 29 horas más por semana que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado, lo que representa más de 8.400 millones de horas semanales dedicadas al cuidado familiar en la región.

Cuando el cuidado recae casi exclusivamente en las mujeres, el mercado laboral pierde talento. Muchas se ven obligadas a aceptar empleos en condiciones precarias o interrumpen sus trayectorias laborales, lo que se traduce en menores ingresos, mayor informalidad y una persistente desigualdad.

Basado en un estudio exploratorio en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Uruguay,  el informe demuestra que la combinación de diálogo social y compromiso empresarial puede traducirse en mejoras concretas que amplían derechos más allá de los mínimos legales, promoviendo la corresponsabilidad en los cuidados y contribuyendo también a la retención de talento y a entornos laborales más productivos. El estudio reafirma el rol central del Estado en la consolidación de un piso universal de derechos y en la promoción de marcos que incentiven la corresponsabilidad.

La justicia para las mujeres no puede separarse del trabajo decente, los servicios públicos y la organización sindical

En el marco del 70.º período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de las Naciones Unidas (CSW70), el movimiento sindical mundial organizó el evento «Reimaginando la Justicia: Trabajo Decente para las Mujeres», un foro de diálogo que reunió a líderes sindicales, expertos de organizaciones internacionales y federaciones sindicales mundiales para debatir cómo garantizar el acceso a la justicia para las mujeres trabajadoras.

La reunión tuvo lugar en el Church Center de Nueva York y abordó una premisa fundamental: sin trabajo decente, no existe un acceso real a la justicia para las mujeres. Desde esta perspectiva, las presentaciones analizaron el papel de los derechos laborales, la negociación colectiva, la inspección laboral, la igualdad salarial, los sistemas de atención y los servicios públicos en la construcción de sociedades más democráticas e igualitarias.

Servicios públicos y sindicatos para garantizar la justicia laboral
Uno de los momentos más destacados del evento fue el discurso de Catherine McKenna, presidenta del sindicato británico UNISON y representante de PSI en el segundo panel, quien subrayó que el acceso efectivo a la justicia para las mujeres trabajadoras depende directamente de unos servicios públicos sólidos y de sindicatos capaces de defender los derechos de las trabajadoras.

McKenna señaló que más de un millón de los 1,3 millones de miembros de UNISON son mujeres, lo que convierte al sindicato en la mayor organización femenina del Reino Unido.

Basándose en esta experiencia, explicó que los sindicatos han desempeñado un papel fundamental para garantizar que los mecanismos de justicia laboral sean realmente accesibles. Un ejemplo emblemático fue la batalla legal contra las tasas que el gobierno británico imponía para acceder a los tribunales laborales, que podían alcanzar las 1200 libras esterlinas y provocaron una drástica disminución de las denuncias, especialmente en casos que afectaban a las mujeres, como la discriminación por razón de sexo, embarazo o igualdad salarial.

El Retorno de la Esperanza: ¿Es el «Sovintern» la respuesta al siglo XXI?

A finales de abril, Moscú no solo recibirá la primavera, sino también lo que pretende ser el epicentro de un sismo ideológico global: el Congreso Mundial por el Nuevo Socialismo del Siglo XXI. Bajo el nombre de «SOVINTERN», esta iniciativa busca aglutinar a partidos comunistas, socialistas y frentes amplios de todos los continentes. Pero, ¿estamos ante un simple ejercicio de nostalgia soviética o ante la estructuración de una alternativa real frente al declive del modelo unipolar occidental?

​Un diagnóstico de urgencia.

​La convocatoria del Sovintern no nace en el vacío. Se sustenta en un diagnóstico crudo y, para muchos, irrebatible. Vivimos en una era donde las élites occidentales parecen haber agotado su capacidad de ofrecer estabilidad. El documento de convocatoria es tajante: guerra, neocolonialismo y un riesgo ambiental sin precedentes.
​El argumento central es que el modelo de «dominación global» de Occidente está en recesión, no solo económica, sino moral. Mientras el Sur Global se fortalece y empuja hacia la multipolaridad, la clase trabajadora en el norte y el sur ve cómo sus derechos se diluyen y la riqueza se concentra en una cúspide cada vez más estrecha. Es en este escenario de incertidumbre donde el socialismo intenta reapropiarse de su papel histórico.

​De la URSS al «Bolchevismo Digital».

​Lo más fascinante de esta propuesta es su dualidad. Por un lado, hay una reivindicación abierta de los valores de la civilización soviética: la educación universal, la salud gratuita y la exploración científica con fines pacíficos. El Sovintern no huye del pasado; lo abraza como una prueba de que otra organización social fue, y es, posible.
​Sin embargo, el proyecto evita caer en el anacronismo mediante la introducción de un concepto vanguardista: los «Bolcheviques Digitales». La propuesta de crear una plataforma online moderna, segura y multilingüe para un congreso permanente reconoce que la lucha política hoy se libra en los servidores y las redes. La idea de una «Internacional interactiva» podría ser la clave para superar las barreras geográficas que históricamente limitaron la coordinación de la izquierda global.
​Los desafíos de la «Gran Alianza»
​El camino para el Sovintern no estará exento de obstáculos. Coordinar a partidos que mantienen su «independencia política e ideológica» —desde el marxismo-leninismo más ortodoxo hasta los progresismos de frentes amplios— requiere una gimnasia diplomática monumental.
​Además, el uso de Moscú como sede en el contexto geopolítico actual enviará un mensaje inequívoco: el nuevo socialismo no solo busca la justicia social, sino que se alinea estratégicamente con la ruptura del orden establecido por la OTAN y Washington.

​¿Hacia una nueva realidad política?

​El lema «Cooperación, no explotación» resuena con fuerza en un mundo cansado de sanciones y conflictos. Si el Sovintern logra trascender la retórica y consolidar esa red social global de la que habla su llamamiento, podríamos estar asistiendo al nacimiento de la primera estructura de resistencia política verdaderamente adaptada a la era de la información.
​La cita en Moscú a fines de abril será la prueba de fuego. ¿Logrará la izquierda global unirse bajo una misma plataforma digital y política, o quedará como un esfuerzo romántico de un mundo que fue? Por ahora, la invitación está sobre la mesa: la búsqueda de una «Paz en lugar de guerra» es un objetivo que pocos, independientemente de su ideología, se atreverían a cuestionar.

CLATE fue recibida por la Embajadora de Vietnam en Argentina

El presidente de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadores Estatales (CLATE), Julio Fuentes, sostuvo una reunión con la embajadora de la República Socialista de Vietnam, Minh Nguyet NGO, en la sede diplomática de ese país. Durante el encuentro, Fuentes presentó el trabajo internacional que la institución viene desarrollando, con especial énfasis en las últimas experiencias de vinculación con naciones asiáticas.

Uno de los ejes centrales de la conversación fue la promoción del intercambio entre CLATE y las organizaciones sindicales de Vietnam. En este contexto, se abordaron las experiencias académicas y los foros de debate impulsados por CLATE sobre países como China e India, y se acordó explorar la organización de instancias similares con Vietnam y otros integrantes de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN).

Por su parte, la embajadora Ngo agradeció la visita y la información recibida sobre la institución. Ante la consulta sobre la realidad política, económica y social de su país, su historia de resistencia y construcción de un modelo que definen como “economía de mercado con orientación socialista”.

De la reunión, en la que también participaron los funcionarios de la embajada, Quang Dung Tra y Dao Dieu Huong,  quedó establecido el compromiso de trabajar en proyectos de cooperación orientados al intercambio de información, el respaldo a la comunicación entre organizaciones sindicales entre Vietnam y los países confederados en CLATE, y la generación de espacios académicos y de reflexión sobre el modelo de instituciones en Vietnam, sus políticas de desarrollo y las experiencias de su economía de mercado con dirección estatal.

CUT cierra Congreso Internacional de Negociación Ramal con la participación del Presidente ex Gabriel Boric

Con la presencia del Presidente de la República, Gabriel Boric, la Central Unitaria de Trabajadores y Trabajadoras de Chile, dio cierre al Congreso Internacional de Negociación Ramal, instancia que durante tres días reunió a dirigentes y dirigentas del sector público y privado del país, autoridades vinculadas al mundo del trabajo y delegaciones sindicales internacionales provenientes de Argentina, Uruguay, Perú, Colombia y España.

El encuentro tuvo como objetivo fortalecer el debate sobre la negociación colectiva ramal como herramienta para avanzar hacia un modelo de relaciones laborales con mayor cobertura, capacidad redistributiva y más derechos para las y los trabajadores. Durante las tres jornadas se abordaron los fundamentos del sistema de relaciones laborales en Chile, experiencias internacionales de negociación sectorial y los desafíos políticos y sindicales para avanzar en transformaciones estructurales del mundo del trabajo.

La ceremonia de clausura contó con la intervención de Cristina Faciaben, CCOO España  representante de las delegaciones sindicales internacionales, junto a la del presidente de la CUT, José Manuel Díaz, y del Presidente de la República, Gabriel Boric.

En su intervención, el presidente de la CUT destacó que la negociación ramal ha sido una de las demandas históricas del movimiento sindical chileno y valoró que hoy vuelva a instalarse en el debate legislativo.

“La negociación ramal ha sido una bandera histórica del movimiento sindical chileno porque permite equilibrar las relaciones laborales y discutir de manera más justa cómo se distribuye la riqueza que generan las y los trabajadores. Que hoy el Congreso haya aprobado legislar sobre esta materia no es el final del camino, pero sí una señal importante que abre la posibilidad de avanzar en más derechos colectivos”, señaló.

El presidente nacional de la CUT, José Manuel Díaz, también enfatizó que los progresos laborales han sido fruto de la organización y la unidad del movimiento sindical destacando que “los avances en materia laboral siempre han sido resultado de la organización y la unidad del sindicalismo. Cuando las organizaciones sindicales actuamos juntas somos capaces de instalar debates que parecían imposibles y abrir cambios reales para las y los trabajadores”.

“El desarrollo del país no se sostiene solo en el capital, se sostiene en el trabajo de millones de hombres y mujeres que todos los días producen la riqueza de Chile. Por eso, avanzar en negociación ramal también es avanzar en un país con mayor justicia social y mejores condiciones laborales”, indicó el presidente de la CUT, subrayando que el debate sobre negociación ramal también está vinculado al modelo de desarrollo del país y al reconocimiento del rol del trabajo en la generación de riqueza.

Un cierre simbólico: Cambio de bandera

Cambio de Bandera de la CUT

Durante la ceremonia también se realizó un gesto simbólico para la organización, el recambio de la histórica bandera de la CUT, que luego de 40 años fue renovada para ampliar su consigna e incorporar explícitamente a las trabajadoras, reafirmando el compromiso de la Central sindical con la igualdad y la representación de todo el mundo del trabajo.

De esta manera, la CUT cerró el Congreso Internacional de Negociación Ramal, impulsando transformaciones en el sistema de relaciones laborales y avanzar hacia una negociación colectiva con mayor cobertura para las y los trabajadores de Chile.

Presidente de la CUT participa en Consejo Ejecutivo de la CSA que abordó democracia, derechos laborales y situación chilena

El presidente de la CUT, José Manuel Díaz, participó en representación de la Central en la 39ª Reunión del Consejo Ejecutivo de la Confederación Sindical de las Américas (CSA-TUCA), realizada en Ciudad de México. El encuentro se desarrolló bajo el eje de la defensa de la democracia y los derechos laborales frente al avance de posturas autoritarias en la región, y situó a Chile como uno de los países prioritarios en la agenda política y sindical continental.

Durante la sesión, el Consejo Ejecutivo analizó la situación chilena en materia de derechos laborales y libertad sindical, incorporando al país dentro del monitoreo especial junto a otras naciones de la región. Asimismo, se definieron líneas de cooperación para el período 2026–2030, destacando la Transición Justa como estrategia para enfrentar la descarbonización sin pérdida de empleos, y la Economía del Cuidado como eje para avanzar en sistemas sostenibles con enfoque sindical. En este marco, la CSA incluyó a Chile en una resolución de solidaridad continental, instando al fortalecimiento del diálogo social y al cumplimiento de los convenios de la OIT sobre negociación colectiva.

En el contexto del próximo cambio de gobierno en Chile, la reunión consolidó un respaldo internacional a la CUT. José Manuel Díaz sostuvo un encuentro con Olivier Röpke, director de ACTRAV de la Organización Internacional del Trabajo, quien manifestó el apoyo técnico y político para resguardar el diálogo social, la consulta tripartita y la plena vigencia de las normas fundamentales del trabajo. A su vez, Marcelo Di Stefano, en representación de la CSA, expresó que la central regional pondrá a disposición todas sus capacidades para acompañar a las y los trabajadores chilenos en este nuevo escenario político y social.

8M: Mujeres CLATE por la paz y la soberanía de los pueblos

«En este Día Internacional de la Mujer Trabajadora, rendimos nuestro homenaje a todas las mujeres trabajadoras que, con coraje, sensibilidad y firmeza, construyen diariamente una sociedad más justa, democrática e igualitaria«, expresó Carmen Machado, secretaria de Género y Diversidad de la CLATE y presidenta de la Federación Sindical de Servidores Públicos de Mato Grosso (FESSP/MT), afiliada a la Confederación de Servidores Públicos de Brasil (CSPB).

La dirigenta brasileña «reafirmó el compromiso permanente con la defensa de los derechos de las mujeres, con el enfrentamiento a todas las formas de violencia y discriminación y con la promoción de la equidad de género en los espacios de poder y decisión, incluido el ámbito sindical».

«El 8 de marzo no es solo una fecha conmemorativa; es un hito histórico de lucha, resistencia y conquistas. Es un día para reconocer los avances, pero también para renovar nuestra movilización frente a los desafíos que aún persisten: desigualdad salarial, acoso, sobrecarga de trabajo y la subrepresentación femenina en los espacios institucionales», agregó Machado.

Y finalizó: «Seguiremos firmes en la construcción de políticas inclusivas, en la valorización de la diversidad y en el fortalecimiento de la participación de las mujeres en el movimiento sindical y en la gestión pública en toda América Latina y el Caribe. Que este día inspire unión, conciencia y acción. ¡Vivan las mujeres! ¡Viva la lucha por la igualdad!».

 

El derecho humano al cuidado: las trabajadoras de los servicios públicos abren el camino

Desde los lugares de trabajo hasta la legislación nacional, los sindicatos de servicios públicos están impulsando esta agenda mediante el cabildeo, el diálogo social y la negociación colectiva. En todas las regiones, los sindicatos han contribuido a importantes avances legislativos y políticos que reconocen el derecho al cuidado, estableciéndolo en algunos países como un derecho humano independiente.

Este impulso se ve reforzado por importantes normas y jurisprudencia internacionales. En 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en su histórica Opinión Consultiva OC-31/25, afirmó la existencia de un derecho al cuidado basado en los principios de igualdad y no discriminación, reconociendo tanto el derecho a recibir cuidados como el derecho a proporcionarlos en condiciones dignas. Esta decisión supuso un paso significativo en la consolidación del cuidado como una cuestión de derechos humanos dentro del derecho internacional.

Para las trabajadoras, el derecho al cuidado se consigue a través del poder sindical, y el mundo laboral es uno de sus principales campos de batalla.

La norma laboral internacional, el Convenio 156 de la OIT sobre lxs trabajadores con responsabilidades familiares (1981), desempeña un papel fundamental. El Convenio exige a los Estados que permitan a lxs trabajadores con responsabilidades familiares participar en el empleo sin discriminación y, en la medida de lo posible, sin conflicto entre las obligaciones laborales y familiares. Exige medidas como políticas de permisos, servicios de cuidado infantil y ajustes en las condiciones de trabajo, medidas que se aplican de manera más eficaz mediante la negociación colectiva y un diálogo social sólido.

Como destacó la presidenta del Comité Mundial de Mujeres de la ISP, Hitomi Kimura, JICHIRO (Japón):

«Para las trabajadoras, el derecho al cuidado se consigue gracias al poder de los sindicatos, y el mundo laboral es uno de sus principales campos de batalla. A través del Convenio 156 de la OIT, la negociación colectiva y un diálogo social sólido, los sindicatos convierten las promesas en derechos exigibles. En la mesa de negociación, consiguen protecciones concretas: permisos remunerados, horarios flexibles y protección social. Estos logros deben estar respaldados por servicios públicos del cuidado universales, incluidos los prestados directamente por los empleadores o garantizados como derechos laborales».

Esta perspectiva es compartida por las afiliadas de la ISP, como señala la Asociación Nacional de Empleados Fiscales de Chile:

Aunque se ha ratificado el Convenio 156 y existen otros marcos jurídicos, su aplicación está estrechamente vinculada al ejercicio de la negociación colectiva.

 

Más de la mitad de los trabajadores y trabajadoras sufren violencia y acoso en tres países de África Occidental, según revela un nuevo estudio de la OIT

Más de uno de cada dos trabajadores y trabajadoras en Senegal (65%) y Costa de Marfil (58%), y casi la mitad en Burkina Faso (43%), afirman haber sufrido violencia o acoso en el trabajo, según un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Los resultados se hacen eco de las pruebas globales de que la violencia y el acoso en el mundo del trabajo siguen siendo omnipresentes en todo el mundo.

El informe, titulado «Hacer visible lo invisible: comprender y combatir la violencia y el acoso en el trabajo en tres países de África Occidental», ofrece la evidencia más completa hasta la fecha sobre la prevalencia, las formas y los efectos de la violencia y el acoso en el mundo del trabajo en Burkina Faso, Côte d’Ivoire y Senegal. Sus conclusiones revelan un fenómeno en gran medida oculto que socava la dignidad, la salud y la productividad de los trabajadores.

La violencia psicológica y el acoso son las formas más extendidas y suelen producirse como parte de un continuo de violencia y acoso físicos o sexuales. Si bien los hombres son más propensos a sufrir violencia física, las mujeres se enfrentan a una mayor prevalencia de violencia y acoso sexuales. Los trabajadores jóvenes y de edad avanzada se encuentran entre los grupos más afectados.

La violencia y el acoso se producen principalmente en el lugar de trabajo, pero también se extienden más allá de él, incluyendo el transporte público, las interacciones con el público en general y los entornos de trabajo digitales o a distancia. Los terceros –como clientes, pacientes y personas desconocidas– se encuentran entre los autores más comunes.

Los efectos de la violencia y el acoso en el trabajo son profundos: hasta la mitad de las víctimas denuncian un deterioro significativo de su salud mental y hasta un tercio denuncian daños físicos, lo que se relaciona con niveles más altos de depresión, ansiedad y estrés. También afecta a la confianza, la motivación y la satisfacción laboral, al tiempo que aumenta el absentismo y reduce la productividad, especialmente entre las mujeres y los trabajadores jóvenes.

A pesar de la magnitud del problema, solo el 60 % de las víctimas denuncian estos incidentes, y las mujeres son más propensas que los hombres a hacerlo, en consonancia con los datos mundiales que indican que no se denuncian todos los casos. La mayoría de las víctimas confían en sus familiares, amigos o compañeros de trabajo, mientras que los mecanismos formales siguen siendo poco utilizados debido a la percepción de que los incidentes «no son lo suficientemente graves», al miedo al estigma o a las represalias y a la escasa confianza en los procedimientos de denuncia.

«La violencia y el acoso en el mundo del trabajo han permanecido durante mucho tiempo invisibles, infradeclarados e infravalorados, pero sus efectos son profundos», afirmó Chidi King, Jefe de la Subdivisión de Igualdad de Género, Diversidad e Inclusión de la OIT. «Esta investigación realizada en tres países de África Occidental pone de manifiesto una realidad que demasiados trabajadores de todo el mundo han soportado en silencio. También proporciona las pruebas necesarias para reforzar la prevención, la protección y la reparación, y para acelerar las medidas encaminadas a la ratificación y la aplicación efectiva del Convenio núm. 190 de la OIT».

Aunque existen mecanismos jurídicos e institucionales en los tres países, la investigación revela que a menudo están fragmentados, son poco conocidos y de difícil acceso, especialmente para los trabajadores vulnerables. La falta de denuncias, la dependencia de recursos informales, el miedo a las represalias y la limitada capacidad institucional siguen obstaculizando la prevención, la protección y el apoyo eficaces.

Las conclusiones subrayan la urgente necesidad de adoptar medidas inclusivas, integradas y que tengan en cuenta las cuestiones de género para acelerar la ratificación y la aplicación del Convenio de la OIT sobre la violencia y el acoso, 2019 (núm. 190), al tiempo que se refuerzan los mecanismos de prevención, protección y reparación. El Convenio 190, junto con la Recomendación núm. 206, proporciona el primer marco común internacional para prevenir, remediar y eliminar la violencia y el acoso en el mundo del trabajo, incluida la violencia y el acoso por motivos de género. Reconoce el derecho de todas las personas a un mundo del trabajo libre de violencia y acoso, y establece la obligación de respetar, promover y hacer efectivo este derecho.

Al hacer visible lo invisible, el informe presenta 12 recomendaciones prácticas en tres pilares estratégicos para orientar a los gobiernos, los empleadores y los trabajadores en la prevención y eliminación de la violencia y el acoso en el trabajo, de conformidad con el Convenio núm. 190 de la OIT.

Hacer visible lo invisible: comprender y combatir la violencia y el acoso en el trabajo en tres países de África Occidental consolida los resultados de cuatro estudios de investigación multidisciplinarios realizados en el marco del proyecto Francia-OIT Combatir la violencia y el acoso en el mundo del trabajo y la igualdad salarial y de oportunidades profesionales para hombres y mujeres.

La guerra en Irán: deseos y realidades

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

Se dicen muchas cosas, pero no se sabe a ciencia cierta si la decisión de atacar Irán ha sido un error de cálculo sobre la base de información que la CIA le entregó a Trump afirmando que Irán era frágil y, en esa medida, un objetivo fácil de derrotar.

O podría haber sido todo lo contrario: que el Pentágono le alertara en torno a los riesgos que significaba una operación militar de gran alcance en términos de la estabilidad estratégica de Estados Unidos y que Trump lo desechara, habida cuenta de su obsesiva disposición de poner al mundo bajo sus pies.

También se dice que Netanyahu le informó a Trump que el sábado 28 en la mañana, el líder de Irán se reuniría con el Alto Mando en un lugar que la inteligencia israelí había detectado y que era la oportunidad de suprimirlo definitivamente. Esta información habría sido corroborada por la CIA, llevando a Trump a tomar la decisión.

Lo que sí está claro es que la principal fuente de información de Estados Unidos en Asia Occidental es Israel, que utiliza tal instrumento como herramienta de manejo de las decisiones de Estados Unidos. Por supuesto, el Mosad sionista guarda como un tesoro las miles de fotos y videos que durante años le proporcionó Jeffrey Epstein, lo cual le permite manejar a favor de sus intereses a cualquier líder mundial de la política, las finanzas, la economía y la diplomacia, Trump incluido.

En esa medida, Israel «convenció» a Trump de que la capacidad misilística iraní era exigua, cuando en realidad el país persa tiene decenas de miles de ellos, de 18 tipos distintos, con diferente potencial, capacidad de carga, distancia y velocidad de vuelo.

Desde 2003, cuando se produjo el ataque de Estados Unidos a Irak, el liderazgo iraní comprendió que un enfrentamiento directo con Estados Unidos era inevitable en el tiempo y comenzó a prepararse con celeridad, pero con paciencia, para ello. Por esto, procedió al diseño y construcción de las ciudades misilísticas móviles subterráneas.

Es inevitable preguntarse: ¿cómo pueden ser móviles? Lo son porque, al tener múltiples entradas y salidas comunicadas entre sí por kilómetros de túneles, los misiles pueden emerger por cualquier lugar para ser disparados. De igual manera, Irán ha producido durante más de 20 años una cantidad indefinida de drones —que se supone son varios cientos de miles— que le garantizan la realización de un ataque permanente durante varias semanas y meses en contra de un potencial enemigo.

Otro error de cálculo en el que incurrió Trump fue la suposición de que existían fuertes contradicciones en la cúpula iraní, ya que la gran mayoría de la población rechazaba el liderazgo de la república islámica. Si había dudas al respecto, al precio de su propia vida, el mismo ayatolá Khamenei se encargó de demostrar la falsedad de esta aseveración.

Pudo haberse escondido bajo tierra. Sabía que estaba en la mira del odio sionista y estadounidense, pero haciendo una última contribución a la lucha de su pueblo y de los musulmanes chiitas de todo el mundo, prefirió inmolarse para erigirse en bastión indestructible de unidad nacional para su país y para el chiismo en general. Hoy Irán enfrenta la agresión como un puño único que incluye también a sunitas, católicos y hasta judíos que viven y son ciudadanos de la república islámica.

Trump equivocadamente supuso que el martirio de Khamenei supondría el descalabro y la desaparición de la república islámica. Sócrates afirmó que: «La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia». Algo que Trump jamás haría. Su personalidad no se lo permite.

Por eso, antes del inicio de la agresión del 28 de febrero, le preguntó a su negociador con Irán, Steve Witkoff, por qué Irán no «había capitulado» ante la enorme presión a la que estaba sometido, cuando se había producido el mayor despliegue militar estadounidense en la historia desde la invasión de Irak.

Hoy, cuando la agresión militar se hizo efectiva e Irán está siendo sometido a una brutal campaña de bombardeos, se sigue preguntando lo mismo sin entender que el proceso de sustitución de los líderes en Irán es casi automático. Es parte de la preparación que han venido realizando desde hace más de 20 años.

¿Cree alguien que el entramado de instituciones formadas por el Líder Supremo, las Asambleas de Discernimiento, de Convivencia del Estado y de Sabios, así como el Consejo de Guardianes y los tres poderes del Estado establecidos en la Constitución —y que sustentan el sistema— puede ser destruido por el asesinato de su líder, de sus dirigentes principales o incluso de toda la cúpula de dirección del país? En Irán, cada puesto de responsabilidad tiene definido de antemano los siguientes cuatro sustitutos en caso de desaparición del titular.

Si se quisiera establecer una comparación con la democracia occidental que propone la separación de poderes, en Irán el sistema apunta al equilibrio de los poderes. Así, la Asamblea de Sabios puede destituir al Líder Supremo. Éste designa a los ayatolás del Consejo de Guardianes y a la máxima autoridad del Poder Judicial. A su vez, el líder del Poder Judicial es quien propone a los constitucionalistas que van a formar parte del Consejo de Guardianes. Y de igual manera, los candidatos a la Asamblea de Sabios deben ser aprobados por el Consejo de Guardianes.

Se puede concluir que no hay ninguna autoridad con poder eterno, no hay autoridad que no haya sido electa y no hay autoridad que posea el poder absoluto. El mismo debe ser compartido a través del equilibrio en el funcionamiento de todos para que no haya ninguno que esté por encima de los demás.

Intentando dar una mirada de mediano y largo plazo del conflicto, primero nos deberíamos preguntar: ¿qué está ocurriendo ahora? Tras la agresión sionista-estadounidense y, tal como fue anunciado previamente por el gobierno iraní ante esa eventualidad, el estrecho de Ormuz fue cerrado por la fuerza naval persa para el paso de embarcaciones no autorizadas.

Sin embargo, hasta ahora lo que se ha informado es acerca del poder dominante de la Armada de Estados Unidos, cuando la realidad es que la misma tiene severas limitaciones que se pondrán en efecto en las próximas semanas. Vale decir que ese poder superlativo no ha podido impedir la paralización de Ormuz, por donde transita el 21% de la energía del planeta.

Trump incluso anunció que su Gobierno ofrecerá seguros de riesgo político «a un precio razonable» y, en algunos casos, escolta militar para el comercio marítimo que transite por el estrecho de Ormuz, paralizado por Irán en respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel. Como respuesta, un alto jefe naval persa lo conminó a hacerlo. Esta situación se seguirá tensionando, sobre todo porque la principal fuente logística de la Armada de Estados Unidos en la región —la base de la V Flota en Bahréin— fue destruida o severamente dañada por Irán. Incluso los barcos que están represados al interior del Golfo no la pueden utilizar.

La alternativa para los que están fuera, en el golfo de Omán o el mar Arábigo, es ir a repostar a la base naval estadounidense de Diego García, en un territorio usurpado ilegalmente por el Reino Unido y perteneciente a Mauricio, una nación insular en el Océano Índico. Esta base se encuentra a tres días de navegación de ida y tres de vuelta, lo cual le daría a Irán una valiosa semana en caso de que el conflicto se prolongara.

Por otro lado, un factor a favor de Irán es que está combatiendo en territorio propio, mientras que Estados Unidos depende del extranjero, sobre todo ahora que su red de bases militares en la región ha sido destruida o duramente deteriorada. Eso también es un componente que manifiesta vulnerabilidad.

En otro ámbito, en lo que parece ser el elemento que definirá el conflicto —que a mi entender es el de la mejor utilización de los medios de combate y el despliegue más adecuado de la logística— se está desarrollando una fuerte campaña mediática con la cual Estados Unidos pretende sembrar una realidad que solo el tiempo validará.

Esta guerra se desarrolla en un ámbito del uso del componente bélico aéreo como base fundamental para golpear al enemigo. Así, en la medida que no hay tropas sobre el terreno, la aviación, los misiles, los drones y las baterías antiaéreas juegan el papel fundamental.

En este sentido, la superioridad de la alianza sionista-estadounidense en materia de aviación es avasalladora y es comprensible porque esa es un arma ofensiva por excelencia que Estados Unidos ha desarrollado acorde a sus principios doctrinarios agresivos e intervencionistas. Esto es lo que le permitió al secretario de Guerra Pete Hegseth afirmar ayer 3 de marzo que: «En menos de una semana, Estados Unidos e Israel tendrán el control total del espacio aéreo iraní».

Pero en el campo de drones, misiles y armamento antiaéreo —que juegan un papel relevante como instrumentos defensivos, aunque los dos primeros también pueden jugar un papel ofensivo— la situación se empareja y es donde Irán puede sacar ventajas por estar combatiendo en su territorio.

La aviación sionista-estadounidense debe servirse de las bases militares de Estados Unidos en la región para su reposición de combustible y municiones. En tanto tales instalaciones han sido duramente golpeadas por Irán, los ataques aéreos provenientes de bases terrestres deben ser repostados en vuelo una y hasta dos veces, lo cual obliga a una logística de gran nivel que no se sabe hasta cuándo serán capaces de sostener, habida cuenta de las nefastas experiencias del pasado.

En materia de combate antiaéreo, se necesitan 2 o 3 misiles interceptores Patriot PAC-3 o THAAD para derribar un misil o un dron iraní. El inventario total de THAAD asciende a 646 misiles (esto incluye las reservas que Estados Unidos necesita para su propia defensa), con una capacidad de producción anual de solo 96. En junio de 2025, 150 misiles (23%) fueron gastados en 12 días en la guerra contra Irán. Solo se trata de extrapolar esta cifra considerando que los combates hoy son muy superiores a los del año pasado.

Aunque Washington ha instado al complejo militar industrial a elevar aceleradamente la producción, lo más elevado a lo que se ha comprometido la industria es a fabricar 400 anuales. Reponer esos inventarios tomaría más de cuatro años. En el caso de los Patriot PAC-3, en 2025 se produjeron alrededor de 800 unidades, con planes de elevarla a 1.130 solo en 2027. En cuanto a los misiles de ataque Tomahawk, el inventario es de menos de 1.200, solo un tercio del pico de 2020 que fue de aproximadamente 3.600.

El propio Marco Rubio afirmó que «los iraníes fabrican 100 misiles mensualmente, mientras que nosotros producimos entre 6 a 7 interceptores al mes». En resumen, si Estados Unidos enviara toda su producción a Israel —lo cual es imposible porque el propio Alto Mando de las Fuerzas Armadas lo impediría— se podría decir que en los próximos días la dotación de misiles interceptores estará totalmente mermada, toda vez que la táctica de Irán es enviar enjambres de drones para saturar las defensas antiaéreas sionistas y agotar las existencias. Solo entonces, Irán sacará lo mejor y más moderno de su arsenal para atacar.

Supongo que esto es lo que ha llevado a Trump a ir modificando su discurso. El 28 de febrero dijo: «Ya hemos ganado. Así es como luce un ejército competente». Al día siguiente, 1° de marzo, afirmó: «Teherán en 3-4 días». El lunes 2 de marzo: «4-5 semanas por delante» y ayer 3 de marzo: «Las guerras se pueden librar para siempre».

Esta guerra será larga pero no eterna. Es una guerra de desgaste. Ganará el que tenga mejor logística y haga un uso más racional de los recursos. Así mismo, influirá el hecho de que Irán la planificó durante 23 años. Esta es su guerra.

No lo fue la de Irak de 2003, ni la del Líbano de 2006, ni la respuesta a la mal llamada primavera árabe de 2011, ni la guerra de Arabia Saudita contra Yemen iniciada en 2014, ni siquiera la guerra de Gaza en 2023. En todas, se vio obligado a involucrarse indirectamente, pero no era su guerra. Esta sí lo es. Es todo o nada.

En esta situación, ¿qué puede hacer Trump? Por supuesto no se rendirá, aunque podría retirarse reivindicando una victoria tal como hizo en junio del año pasado. Podría buscar un acuerdo negociado, pero Irán se ha sentado en la mesa tres veces y tres veces ha sido engañado y traicionado, como lo ha podido testificar el mundo entero. La parte decente del planeta —que es la aplastante mayoría y que no está en la «Lista Epstein»— puede además dar fe de la voluntad pacifista de los persas.

Irán ha actuado con total transparencia. Confiaron tres veces que estaban negociando con un interlocutor serio. Los lamentables hechos pusieron en evidencia la falsedad y la perfidia de Estados Unidos, demócratas y republicanos por igual. Y ahora están haciendo lo que dijeron que iban a hacer si eran atacados. Si Estados Unidos golpea sus terminales petroleras y sus refinerías, harán lo mismo en toda Asia Occidental.

Estados Unidos tendrá dificultades para escalar sin correr un riesgo mayor. Lo cierto es que al día de hoy, 4 de marzo, el plan de Estados Unidos no se ha cumplido: no lograron producir un cambio de régimen, no han podido evitar la acción de los misiles y los drones iraníes, no han logrado sostener una cobertura antiaérea eficiente, no han podido desarrollar la capacidad industrial para suplir las pérdidas y abastecer adecuadamente a sus fuerzas armadas, y no han conseguido paralizar la acción del eje de la resistencia que en Líbano, Irak, Yemen y otros países se prepara para contraatacar, entre varias razones porque Khamenei era también un líder para ellos.

Con una capacidad industrial limitada —en alguna medida porque las restricciones de tierras raras de China le impiden un avance más acelerado en la producción—, lo que le queda es desplegar mayor cantidad de aviones, pero las fuerzas aéreas no ganan guerras. No pueden destruir las ciudades subterráneas, tienen que ocuparlas, y ya los hutíes yemenitas, con muchos menos recursos, demostraron que un pueblo valiente, consciente y decidido puede evitarlo.

El que quiera ganar tiene que desplegar fuerzas terrestres. Irán tiene 1.370.000 hombres y mujeres sobre las armas, sin contar los millones que desean incorporarse. Si se aplica la clásica relación de 3:1 para la ofensiva, Estados Unidos necesitaría más de 4 millones de soldados para asegurarse una victoria. ¿De dónde los saca? ¿Soportaría esto la sociedad estadounidense sin que antes se produzca una hecatombe interna?

Solo les quedaría el expediente nuclear, pero ahí entramos en otra conversación, porque obligaría a involucrarse a China y a Rusia y a toda la humanidad sana y decente, que es la mayoría. Y no estamos en 1945. Tampoco el liderazgo iraní es la mediocre, inescrupulosa y cobarde élite japonesa de fines de la Segunda Guerra Mundial.