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“Voces del Pasado: El Testimonio de Marta Elena Muñoz, Sobreviviente de la Represión Política”

En un relato conmovedor y profundo, Marta Elena Muñoz, nacida en 1952 y séptima de once hermanos, comparte su experiencia como ex presa política en Puerto Montt y Río Negro. Su historia es un testimonio de la lucha por la justicia social, marcada por la detención y la tortura durante la dictadura.
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oy, 50 años después, Marta Elena relata con voz firme y una sonrisa siempre presente, los difíciles momentos que soportó durante su prolongada detención. Pasó largo tiempo sin ver a su familia, sin conocimiento de lo que ocurría afuera, sumergida en la violencia que, como ella, muchos jóvenes en el sur enfrentaron en los primeros años de la dictadura. Habla de sus experiencias con serenidad, pero elige guardar silencio sobre los detalles de las torturas que sufrió, por consideración  a sus hijos.

Inicia su relato  haciendo mención a su niñez. Ella creció en una familia sencilla y numerosa. “Vivimos en el campo entre Purranque y Casma… Era muy precario todo. Nosotros nunca pasamos hambre,  pero vi la  pobreza y la injusticia  de las  familias campesinas.  Este entorno rural, junto con la influencia de su padre, comerciante y agricultor,  marcaron un temprano compromiso social.

“ Nuestro ideal era trabajar con la gente, ayudar a la gente, educar a la gente y trabajar con ella.”

Desde joven, Marta Elena se interesó por la política y la justicia social, influenciada por las desigualdades que observaba a su alrededor. A los 17 años, se unió a la Juventud Socialista, impulsada por un ideal de servicio a la comunidad. “ Nuestro ideal era trabajar con la gente, ayudar a la gente, educar a la gente y trabajar con ella.”

FIDEL CASTRO EN PUERTO MONTT Y  EL GOBIERNO DE LA UNIDAD POPULAR

“Recuerdo la visita de Fidel Castro a nuestra región, un evento que nos llenó de euforia juvenil. Nos trasladamos de Osorno en un tren repleto para verlo y el regreso fue toda una odisea; sin trenes nocturnos, tuvimos que volver en camión a las dos de la mañana”.

En los años del Gobierno de Allende, llegó a Puerto Montt, siendo muy joven para trabajar en la  Intendencia  de Llanquihue, en la Oficina de la Juventud. Conocí  allí a personas que no olvido, incluyendo al Intendente,  Óscar Ramos, un compañero desaparecido, y a la señora Carmen , su esposa. En aquellos días, la atmósfera en la intendencia era de tranquilidad y sencillez, con una camaradería y un respeto genuinos que hoy echo de menos.

Los tiempos se tornaron más conflictivos a partir de 1972. Como miembros del Partido Socialista, con sede cerca de donde hoy está el bar Plaza en calle Guillermo Gallardo, enfrentábamos tensiones regulares con el Partido Nacional, que también tenía su sede cerca. A pesar de los enfrentamientos, que usualmente se limitaban a gritos y lanzamientos de piedras, no recuerdo haber vivido situaciones más graves.

GOLPE DE ESTADO

“Antes del golpe militar del 11 de septiembre, la tensión en Chile era palpable, aunque nadie esperaba realmente un golpe. Grupos extremistas como Patria y Libertad se volvían cada vez más agresivos, y los paros de camioneros, bien organizados y financiados, causaban escasez de alimentos y bloqueos en las carreteras.

En marzo de 1973, me mudé a Osorno para estudiar en la Universidad de Chile, mientras seguía trabajando para la Intendencia  Las dificultades de transporte me obligaban a caminar largas distancias, especialmente desafiantes al terminar las clases a las 10 de la noche. Viví esos días complicados en Osorno. El día del golpe, la tensión era evidente. Nos ordenaron regresar a casa desde la oficina, y comencé a ocultar libros y documentos comprometedores.

Al día siguiente, logré reunirme con tres compañeros, incluyendo a Adrián Soto y Daniel Cárcamo. Nos juntamos al anochecer, esquivando las patrullas. Trágicamente, esa noche supe que balearon a Reinaldo Rosas, 17  años,  un compañero del partido socialista y Presidente del Centro de Alumnos del Liceo de Hombres de Osorno. Eso ocurrió justo después que nos reunimos.

Después de este  hecho trágico, tuve que regresar a Puerto Montt el 30 de septiembre, donde me despidieron de mi trabajo. En Puerto Montt, comencé a enfocarme en la contabilidad agrícola relacionada con los asentamientos de la reforma agraria, integrándome a un equipo que ya  trabajaba en esos temas.

DETENCIÓN  Y TORTURA

“En 1974, fui detenida en la oficina y llevada al edificio de la gobernación, ubicada frente a la plaza de Puerto Montt, donde permanecí de pie contra la pared todo el día. Por la noche, me trasladaron a la Comisaría de Carabineros de calle Guillermo Gallardo, donde me encerraron en una celda sin cama, con una rejilla llena de agua en el suelo. Allí solo se podía estar en cuclillas para evitar el agua.  Esto me provocó  fuertes dolores de espalda que me acompañaron por muchos años.  Las condiciones eran degradantes, sin baño y teniendo que hacer nuestras necesidades frente a los oficiales. No recuerdo cómo se enteró mi familia de mi detención, y nunca le pregunté a mi colega, con quien todavía mantengo amistad, cómo se lo comunicaron.

“En 1974, fui detenida en la oficina y llevada al edificio de la gobernación, ubicada frente a la plaza de Puerto Montt, donde permanecí de pie contra la pared todo el día.

En la celda de la comisaría, durante las noches llevaban a más detenidas, en su mayoría trabajadoras sexuales. En las mañanas, me quedaba sola en la celda después de que liberaban a las mujeres.  No recuerdo qué comía o si me daban algo de comida. Mi hermano, que era militar, fue a verme mientras estaba detenida. Después de cuatro o cinco días sin asearme y vistiendo la misma ropa, mi aspecto era lamentable. Le dije a mi hermano que no se preocupara por mí, sino por mi madre.

Durante mi detención, fui llevada con frecuencia a la unidad de la Policía de Investigaciones, PDI; para ser interrogada, usualmente con los ojos vendados y las manos atadas. En Egaña 60, recinto de la PDI,  sufrí todo tipo de torturas excepto la violación, aunque conozco compañeras que no corrieron la misma suerte. Mi detención entiendo se debió a la redacción de un documento clandestino. Yo lo escribí a máquina, pero fuimos denunciados, probablemente por infiltrados, que estaban por todas partes, incluso en la universidad. Recuerda quiénes eran esos infiltrados, que  nunca más aparecieron,  “pero no vale  la pena ni siquiera nombrarlos”.

De la  Comisaria de Carabineros,  me llevaron a la cárcel de  Chin Chin en Puerto Montt,  estuve allí hasta noviembre del 74 y de ahí nos llevaron a río Negro. A la cárcel de Río Negro. Un día “equis” de repente nos llevaron. Señalaron a personas detenidas, nos dijeron que recogiéramos  nuestras cosas y con un morral al hombro como  “el Chavo”, nos  subieron a un furgón con destino desconocido. Pensamos que podrían habernos fusilado como había ocurrido con otros compañeros. Pero llegamos a esta cárcel, que era una casona vieja, muy deteriorada.

Estuve detenida en la prisión de Río Negro desde noviembre de 1974 hasta abril de 1975, pasando las festividades de Navidad y Año Nuevo cantando el Himno de la Alegría con otros compañeros detenidos. Nos contactamos con una familia de derecha, para conseguir comida, dependiendo de la buena voluntad de otros para sobrevivir. Mi familia no sabía dónde estaba”.

Memoria y Esperanza

“La dictadura fue real, no solo un golpe de estado, sino una serie de atrocidades contra personas inocentes. Es esencial recordar y enseñar esto a las nuevas generaciones, no para fomentar odio, sino para comprender la importancia de la democracia y la libertad. Vivir bajo una dictadura significa no tener voz ni opción a disentir” afirma con convicción Marta Elena.

Agrega que es fundamental para los jóvenes de hoy conocer y recordar nuestra historia. La historia escrita en libros es diferente a la contada por quienes la vivieron. Hoy, los jóvenes tienen la oportunidad de escuchar estos testimonios de primera mano.

“La memoria de nuestro país se construirá con jóvenes comprometidos. No basta con las lágrimas; necesitamos fuerza y valentía para decir que seguimos en pie. A los jóvenes les digo: Sí se puede. Avancemos juntos.”