Cuba: La Resistencia de todo un pueblo contra el Bloqueo
Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, anunció ante medios nacionales e internacionales un conjunto de medidas estratégicas de alto impacto destinadas a enfrentar y neutralizar los efectos del bloqueo naval y económico impuesto por Estados Unidos contra la isla.
Las decisiones, de carácter integral, buscan proteger a la población, garantizar los servicios esenciales y sostener la capacidad productiva del país, reafirmando una vez más la voluntad del Estado cubano de defender su soberanía y su proyecto social frente a la presión externa.
La decisión de Estados Unidos de bloquear las entregas de petróleo hacia Cuba confirma una vez más que la política de presión económica contra la isla no ha cambiado de naturaleza ni de objetivos. No se trata de sanciones “selectivas” ni de medidas administrativas, es una estrategia de asfixia económica que impacta directamente en la vida cotidiana de millones de personas.
Ante este escenario, Cuba ha activado un plan de contingencia nacional que prioriza el combustible para los servicios esenciales: salud, agua, alimentos, educación, defensa y sectores estratégicos de la economía. Lejos de improvisar, el Estado cubano opta por ordenar la escasez, proteger a la población y sostener la estructura productiva básica del país.
En este momento resulta clave para desmontar un relato recurrente. Washington insiste en presentar el bloqueo como una herramienta política “legítima”, mientras omite deliberadamente sus consecuencias humanitarias. El acceso a la energía no es un lujo, es una condición indispensable para garantizar derechos fundamentales como la salud, el agua potable, la alimentación y la educación. Interrumpirlo de forma intencional constituye una forma de coerción colectiva.
Resulta significativo que, en medio de la crisis, Cuba mantenga abiertas las escuelas primarias y los centros de atención infantil, garantice un salario básico a los trabajadores estatales y asegure combustible para la producción agrícola y el suministro de agua. Estas decisiones reflejan una jerarquía de prioridades donde el bienestar social no queda subordinado a la lógica del mercado ni a la presión externa.
El bloqueo petrolero, además, ha tenido un efecto que rara vez se reconoce, ha acelerado la búsqueda de soberanía energética. La combinación de crudo nacional y la expansión sostenida de proyectos solares revela una estrategia orientada a reducir la dependencia externa y a construir resiliencia estructural frente a futuras agresiones económicas.
No es casual que sectores clave como el turismo y la producción de tabaco también estén contemplados en el plan de contingencia. En un contexto de cerco financiero, proteger las fuentes de divisas no es una concesión, sino una necesidad de supervivencia económica.
La experiencia histórica demuestra que el bloqueo no ha logrado sus objetivos políticos. Por el contrario, ha consolidado una cultura de resistencia y organización social que se reactiva cada vez que la presión aumenta. Cuba no responde con retórica vacía, sino con políticas públicas concretas, diseñadas para sostener la vida cotidiana y preservar la cohesión social.
Ninguna diferencia ideológica justifica el uso del hambre, la oscuridad o la escasez como herramientas de presión. El caso cubano vuelve a evidenciar una verdad incómoda para sus detractores: cuando el castigo se intensifica, la respuesta no es el colapso, sino la reafirmación de la soberanía.




