¿América Latina en venta?: derechización, guerra global y renuncia a la política (o, sobre llovido, mojado)

El orden internacional se encuentra en plena transformación. Estados Unidos ha perdido la capacidad de disciplinamiento global que ejerció durante décadas. China avanza de manera sostenida. Los conflictos se multiplican. Sin embargo, nada de ello constituye un destino inevitable.

Lo que existe es una disputa abierta por el poder global y el problema radica en que, en ese tablero, América Latina vuelve a ocupar el lugar histórico que le fue asignado desde hace doscientos años: proveedor de recursos naturales, espacio de influencia y territorio administrado desde el exterior.

Litio, energía, alimentos y agua. Todo lo que el mundo demanda se concentra en la región. Sin una estrategia común, esa riqueza no genera autonomía: genera dependencia y extracción.

Derechización y debilitamiento del Estado: una combinación peligrosa

Este proceso global coincide con una realidad regional preocupante. En varios países, como Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Honduras, etc. han asumido el gobierno fuerzas que, con distintos matices, comparten una misma lógica: el debilitamiento deliberado del Estado. Menos Estado en un mundo que exige mayor capacidad estatal. Menos política en un escenario que requiere más decisión política. No se trata de una contradicción, es un proyecto coherente.

Un Estado debilitado no solo regula menos: negocia peor, decide menos y depende más.

La memoria como herramienta política

Es importante recordar que América Latina no siempre ocupó esta posición pasiva, hubo un ciclo no muy lejano en el que la región decidió actuar como sujeto histórico. Gobiernos como los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, Luiz Inácio Lula da Silva, Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa comprendieron una verdad central: la única vía hacia la autonomía era la acción conjunta.

Se fortaleció el MERCOSUR, se creó la UNASUR, se impulsó la CELAC y se rechazó el ALCA en la Cumbre de Mar del Plata de 2005, Los resultados fueron concretos:

• Millones de personas salieron de la pobreza,

• Se ampliaron derechos sociales,

• Se consolidó el mercado interno,

• La región adquirió una voz propia en el escenario internacional.

No fue casualidad. Fue política.

El relato que desarma

Hoy se promueve un sentido común distinto: que todo está determinado, que las potencias deciden y que no existe margen de maniobra, ese discurso no describe la realidad. La disciplina. Porque si todo está predeterminado, entonces nadie asume responsabilidad. Solo resta adaptarse y desde esta perspectiva, eso no es análisis: es resignación.

La pregunta que realmente importa

El dilema no consiste en elegir entre alinearse con Estados Unidos o con China. Esa es una falsa dicotomía, La pregunta esencial es otra: ¿América Latina desea volver a ser sujeto político? Eso implica asumir costos, construir consensos, sostener tensiones y, sobre todo, definir un proyecto propio. Sin embargo lo que observamos actualmente es lo opuesto: fragmentación, competencia interna y ausencia de estrategia compartida. En ese vacío, otros deciden por nosotros.

Lo que hay que reconstruir

No se trata de nostalgia. Se trata de recuperar la experiencia histórica que ya demostró su eficacia; Integración con contenido político, espacios como el MERCOSUR y la CELAC solo tienen sentido si sirven para construir poder real. El Estado como herramienta de soberanía, no existe desarrollo sin Estado fuerte, debilitarlo en este contexto no es modernización, es cesión de soberanía. Autonomía como estrategia, la región no necesita elegir un nuevo amo, necesita construir margen propio. La paz como decisión política, aceptar la guerra y la crisis energética como destino equivale a aceptar un rol subordinado en ella.