Embajador de Cuba en Argel:“¡Ningún país del mundo está a salvo de un posible ataque estadounidense!”

“Ningún país del mundo está a salvo de un posible ataque estadounidense.” La frase resuena como una alerta global. No procede de un militante ni de un opositor marginal, sino de un embajador en ejercicio, representante de un Estado que resiste desde hace más de seis décadas la guerra económica más larga de la historia contemporánea. Frente a La Patrie News, Héctor Igarza Cabrera, embajador de Cuba en Argel, ofrece una entrevista rara, sin rodeos, donde la diplomacia cede el lugar a la verdad desnuda de las relaciones de fuerza internacionales.

Señor Embajador, Cuba reafirma su disponibilidad para un diálogo con Estados Unidos fundado sobre la igualdad soberana y el respeto mutuo. En el contexto actual de presiones unilaterales y coerción económica, ¿ese marco es aún realmente concebible, o se trata ante todo de una posición de principio destinada a reafirmar el derecho internacional frente a la relación de fuerzas?

Embajador: Ante todo, gracias por darnos la ocasión de expresar nuestra posición y nuestra visión sobre lo que ocurre alrededor nuestro y en el mundo. Con los Estados Unidos, nuestra posición de principio no es nueva. Hemos buscado constantemente resolver nuestras diferencias con Washington por medios pacíficos. Reafirmamos esta posición de principio cada vez que es necesario. En claro, estamos listos para negociar con los Estados Unidos sobre bases legales, de respeto mutuo y en conformidad con el derecho internacional. La condición indispensable para nosotros es poder hablar de igual a igual. Esta posición es inmutable. Desde hace 67 años que los Estados Unidos intentan quebrarnos la columna vertebral, a través de manifestaciones fomentadas y financiadas desde el exterior, de la presión económica y de las sanciones. Resistimos, aguantamos, pese al bloqueo criminal y a las amenazas. Nuestra oferta de diálogo, permanente, rechaza las condiciones previas y el chantaje.

Usted califica el bloqueo estadounidense de política fallida. Más de sesenta años después de su instauración, ¿cómo analiza su persistencia, cuando es condenado casi unánimemente cada año en la Asamblea General de las Naciones Unidas? ¿Qué revela, según usted, esta impunidad sobre el estado real del multilateralismo internacional?

Ahí reside justamente el nudo del problema. Los Estados Unidos han actuado siempre como un gendarme internacional. Imponen su diktat allí donde pisan. En cuanto al bloqueo, desde 1992, la Asamblea de las Naciones Unidas —hablo de la AG, porque es allí donde se sienta la comunidad internacional y porque es la instancia más representativa y más democrática— exige mediante resolución el levantamiento de ese bloqueo ilegal. Solo los Estados Unidos e Israel votan sistemáticamente en contra.

Las autoridades estadounidenses justifican con frecuencia su política hacia Cuba con argumentos relativos a los derechos humanos y a la democracia. ¿Cómo responde La Habana a ese discurso, cuando el propio bloqueo constituye una violación masiva y documentada de los derechos económicos y sociales del pueblo cubano?

Históricamente, los Estados Unidos han buscado y multiplicado falsos pretextos para imponer sus sanciones a Cuba. Al inicio mismo de nuestra revolución, el pretexto fue la nacionalización de las compañías extranjeras, incluidas las estadounidenses. Todas fueron legalmente indemnizadas, salvo las compañías estadounidenses. El gobierno de los Estados Unidos no quiso negociar la indemnización de sus compañías. Pensaba que nuestra revolución iba a derrumbarse muy rápidamente, y que por lo tanto no tenía sentido negociar. Resultó que estaba profundamente equivocado. En fin, el pretexto original —y frágil— fue esa nacionalización.

Más tarde, vino el reproche del acercamiento entre Cuba y la URSS. Somos soberanos e independientes en nuestras elecciones y en nuestras posiciones. Nadie tiene derecho a imponernos nada. En la misma línea, los Estados Unidos nos reprocharon exportar la revolución hacia América Latina y hacia África. Para aislar a Cuba, Washington aumentó la presión sobre todos los países latinoamericanos. La maniobra apuntaba a aislarnos diplomáticamente. Afortunadamente, muchos países latinoamericanos rehusaron plegarse al diktat estadounidense.

Más tarde, ese mismo reproche de exportación de la revolución cubana nos fue formulado en relación al continente africano. En particular en Angola, y también en lo que respecta a nuestro compromiso contra el apartheid en Sudáfrica. Siempre ha sido así. Los pretextos, cada cual más absurdo, nunca han dejado de aparecer. Tras la caída de la Unión Soviética, se nos reprochó no haber seguido los cambios ocurridos en la ex-URSS. A falta de nuevos pretextos, ahora sacan el tema de los derechos humanos, en su acepción más amplia: la vida, la educación, la salud, la vivienda… Sin las sanciones ilegales e inmorales que nos afectan, esos derechos estarían ampliamente satisfechos.

En Cuba, como usted sabe, la situación socioeconómica es extremadamente difícil precisamente a causa de esas sanciones. Todo está hecho para levantar al pueblo cubano contra sus dirigentes legítimos.

En relación a la rebelión fomentada a todos los niveles por Washington contra Cuba, usted evocó recientemente las consecuencias de las decisiones políticas adoptadas en Washington y en Miami sobre los cubanos residentes en Estados Unidos. ¿Puede hablarse de una instrumentalización política de la diáspora cubana como palanca de presión contra el Estado cubano?

Exactamente de eso hablo. Usted sabe que en los Estados Unidos existe la llamada ley de ajuste, que permite a los cubanos obtener la residencia apenas un año después de su llegada a territorio estadounidense. Esta medida de excepción no concierne a ningún otro país. Es una manera directa de alentar a los cubanos a abandonar su país por cualquier medio. Los cubanos que intentan la travesía hacia los Estados Unidos son tratados como héroes si, al hacerlo, asesinan a guardacostas cubanos. Como puede ver, todo está pensado para alentar levantamientos y disturbios en Cuba.

El falso sueño americano se acabó. La administración estadounidense actual invita firmemente a los cubanos instalados en los Estados Unidos a regresar a Cuba con la misión de provocar allí rebeliones. Ese es el objetivo claramente asumido por el Secretario de Estado Marco Rubio, quien es él mismo de origen cubano.

Justamente, a propósito de la diáspora y de los cubanos naturalizados, el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, es él mismo de origen cubano. Conociendo sus posiciones, tan tajantes como controvertidas en relación a numerosos grandes asuntos internacionales, ¿existe el riesgo de que ello influya aún más negativamente en las orientaciones del presidente estadounidense, Donald Trump?

Es este Secretario de Estado quien envenena las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Ejerce una gran influencia sobre el presidente Trump. Para él, Cuba representa una verdadera obsesión. Es conocido —y ha sido ampliamente revelado por numerosos medios creíbles e independientes— que el actual Secretario de Estado estadounidense está mezclado en sórdidos asuntos de narcotráfico. Vivía en aquella época con su cuñado, implicado en un caso criminal de tráfico de cocaína. Es de notoriedad pública que trabajó con ese cuñado. Por eso lo apodan “Narco Rubio”.

Cuba es para él una obsesión enfermiza. Una vez, se atrevió a afirmar públicamente haber abandonado Cuba para «escapar de la dictadura de la revolución». Verificación hecha, la revolución cubana, acaecida en 1959, había tenido lugar dos años antes de que el señor Rubio abandonara Cuba. Si Rubio y su familia huyeron de una dictadura, como él pretendió, no pudo ser sino la dictadura del régimen de Batista, amigo y aliado de los estadounidenses. Batista era apoyado, armado y financiado por el gobierno de los Estados Unidos.

Así pues, además de ser un traficante de droga, Marco Rubio es también un mentiroso. Es escandaloso e inaceptable ser tan carente de principios, considerando el alto cargo que ocupa. Es una cuestión de credibilidad y de dignidad.

La agresión estadounidense contra Venezuela, coronada por el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, ha hecho volar por los aires lo poco que quedaba de consideración hacia el respeto del derecho internacional. ¿Existe un peligro inminente para Cuba, que ha sabido resistir durante más de medio siglo y mostrar una resiliencia por lo menos legendaria?

Como le dije anteriormente, somos víctimas de una guerra económica que dura desde hace 67 años. Pero antes de responder a su pregunta, permítame decir que la agresión contra Venezuela es un acto criminal. Es un caso flagrante de terrorismo de Estado. Es un acto bárbaro que viola ostensiblemente el derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y todas las reglas que rigen las relaciones entre los Estados.

El colmo se alcanzó con el secuestro de un presidente legítimamente elegido, en pleno ejercicio de su mandato y de su poder. Esta agresión va incluso más lejos, porque viola también la propia ley de los Estados Unidos. El Congreso estadounidense debe ser informado y dar su acuerdo previo antes de cualquier acción militar. No ha sido el caso. En cuanto a la agresión de un país contra otro, eso debe pasar imperativamente por el Consejo de Seguridad de la ONU. Tampoco ha sido el caso.

Usted sabe, la mentira y la desinformación son las primeras víctimas de la guerra. Y los Estados Unidos recurren a ellas sin moderación. Llegaron incluso a pretender que el presidente Maduro sería el jefe de un cartel de droga. Pero una vez Maduro deportado a los Estados Unidos, estos últimos desecharon esa acusación según la cual el presidente Maduro estaría a la cabeza de ese cartel fantasmático, llamado del Sol.

Utilizaron mentiras para atacar Irak, pretendiendo que el presidente Saddam Hussein poseía Armas de Destrucción Masiva. Comprobación hecha, resultó que no era cierto. Lo mismo ocurrió en Libia con el presidente Gadafi. Así sucesivamente.

Así que, para nosotros, no hay nada nuevo. Para responder a su pregunta, el riesgo de que los Estados Unidos ataquen directamente a Cuba siempre ha estado presente. No hay que olvidar jamás lo que ocurrió en abril de 1961. Mil cuatrocientos mercenarios entrenados, financiados y armados por los Estados Unidos desembarcaron en Cuba. En apenas 72 horas fueron derrotados.

El mismo espíritu de resistencia y resiliencia reina todavía en Cuba. Ciertamente, los estadounidenses podrían bombardearnos. PERO JAMÁS PODRÁN OCUPAR CUBA. NO, JAMÁS PODRÁN OCUPAR CUBA. Estamos preparados desde hace tiempo. Como ya le dije, deseamos negociaciones justas y de igual a igual. Estamos preparados. Pero añado que también estamos preparados para una eventual agresión militar.

Cuba mantiene relaciones sólidas con numerosos países del Sur global, particularmente en África y América Latina. ¿Cómo sitúa usted a Argelia en esta geografía política y diplomática, y qué papel puede desempeñar Argel en la defensa del derecho de los pueblos frente a las políticas de sanciones y bloqueos?

Como sabe, Cuba mantiene desde el advenimiento de su revolución una posición constante de solidaridad con todos los países, comenzando por los del Tercer Mundo. Nuestra relación es igualmente excelente con la abrumadora mayoría de los pueblos de los países llamados desarrollados u occidentales.

Hemos enviado nuestros soldados para ayudar a los países africanos, pero también hemos enviado nuestros médicos a los cuatro rincones del mundo para atender gratuitamente a ciudadanos pobres, desprovistos de recursos. Nuestra intervención directa en África está ampliamente documentada. Está el caso del Che Guevara, que partió al Congo; la lucha contra el apartheid en Sudáfrica; nuestros soldados combatieron en Bolivia, en Guinea-Bisáu, en Etiopía y hasta en Argelia, durante la Guerra de las Arenas en 1963. Nuestros soldados vinieron en refuerzo con sus armas y sus equipos.

Era nuestro deber ayudar al pueblo argelino hermano, orgulloso de su gran y hermosa revolución. Nuestras ayudas médicas son omnipresentes en América Latina, en particular en oftalmología. En ese dominio somos inventores de la operación Milagro, que devuelve la vista a personas afectadas por ceguera total o parcial.

Hay que subrayar que la solidaridad es una vía de doble sentido. Cuando uno da muestras de solidaridad, tiene derecho a esperar la misma marca de solidaridad en retorno. Tal es el caso, y proviene del planeta entero, incluido del pueblo estadounidense. Lo mismo ocurre con los pueblos francés, italiano, alemán, español… es igualmente el caso en América Latina y en África. Por ejemplo, la Unión Africana renueva cada año su llamado a levantar el bloqueo criminal del que somos víctimas.

En un momento en que varios Estados utilizan abiertamente las sanciones económicas como arma política, ¿considera Cuba que su experiencia puede servir de referencia o advertencia para otros países confrontados a formas similares de presión y de castigo colectivo?

Hoy, es necesario que todos los pueblos y todos los Estados estén preparados para hacer frente a los métodos coercitivos que emplean los Estados Unidos contra todos aquellos que no se pliegan totalmente a su diktat. Peor aún: no sólo hay que estar preparados para enfrentar sanciones económicas, sino también agresiones militares, como acaba de ocurrir en Venezuela.

Ningún país del mundo está a salvo de una eventual agresión estadounidense. Hoy, cualquier país puede ser atacado por los Estados Unidos bajo falsos pretextos, o incluso sin la menor razón, salvo la ley del más fuerte. Por ejemplo, el saqueo de los recursos naturales de un Estado dado constituye un excelente pretexto para los Estados Unidos.

Es escandaloso oír a Trump admitir públicamente que su agresión terrorista contra Venezuela está precisamente vinculada a su petróleo y, de manera accesoria, a sus tierras raras. Es vergonzoso, inadmisible, escandaloso, oír decir que los Estados Unidos van a administrar el petróleo y el gas venezolanos.

¿Cree usted que la persistencia del bloqueo contra Cuba, pese a su fracaso manifiesto, forma parte de un mensaje más amplio dirigido a los pueblos y a los Estados que rehúsan el alineamiento, a saber: que la independencia política tiene un costo que las grandes potencias pretenden hacer pagar?

El caso de Cuba no es quizá único —no tendría la pretensión de afirmarlo—, pero sigue siendo un caso notable de constancia y de firmeza en la prosecución y el mantenimiento de nuestra revolución. Con o sin recursos, con o sin solidaridad internacional —que llamamos no obstante de todos nuestros deseos— vamos a defender nuestro país, nuestra revolución y nuestras opciones estratégicas cueste lo que cueste.

Cualquiera sea el número de víctimas en caso de una agresión militar directa, no abdicaremos. Jamás renunciaremos a nuestra soberanía, a nuestra libertad y a nuestra dignidad.

Una última pregunta, si me lo permite. ¿Cómo está la situación en Cuba en el plano socioeconómico desde la agresión estadounidense y el cese de las ya exiguas ayudas que le llegaban desde Venezuela?

Sí, la situación en Cuba se ha agravado desde el primer mandato de Trump y desde las 243 sanciones económicas ordenadas contra nosotros. La situación desgraciadamente se ha agravado aún más bajo este segundo mandato.

Son las sanciones estadounidenses las que están detrás del agravamiento de nuestra situación económica. Los estadounidenses impiden ahora que Venezuela exporte SU petróleo a través del mundo. Eso afecta de facto la situación global en Cuba. Es ese bloqueo criminal el que está detrás de la difícil situación que vivimos.

Para terminar, ¿tiene un mensaje que transmitir a los pueblos y a los dirigentes del planeta en tanto que representante del Estado cubano?

Mi mensaje para transmitir al mundo entero es el siguiente: aquí, en Cuba, hay un pueblo listo para defender su revolución y para pagar el precio necesario. Mi segundo mensaje consiste en recordar a todos que lo que ha ocurrido en Venezuela, Irak, Siria, Afganistán, Guatemala o República Dominicana puede ocurrir en cualquier parte. Y sobre todo en los países donde hay riquezas naturales que apropiarse.

Entrevista realizada por el periodista Mohamed Abdoun, 16 de enero de 2026